Si las relaciones empiezan de a dos, deberían terminar de a dos, también. Pero esas cosas son tan autoritarias y solitarias que nunca sabes cuándo ocurrirá, hasta que te das con las terribles palabras en la boca “por qué?” Soy de la idea de que el final debería ser como comienza, esperar un “sí, yo también quiero” y que el amor se mantenga intacto hasta ese preciso instante. Eso del no afectar a nadie es tan onírico que no tiene sentido. Empieza a doler cuando antes de rogar una oportunidad piensas en los novios a los que dejaste, y es que de verdad se había acabado, no tenía caso. Duele más cuando te imaginas que todo el amor que sientes, que te supera, que parece que no se acabará nunca, sofoca hasta el último espacio de tu alma, y ese recuerdo existe otra vez, inútilmente: se acabó.

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